sábado, 18 de febrero de 2017

Niccolò Paganini y el violín del diablo.


Niccolò Paganini (Génova, 27 de octubre de 1782 – Niza, 27 de mayo de 1840) fue un violinista, violista, guitarrista y compositor italiano. Está considerado uno de los violinistas más virtuosos de todos los tiempos y contribuyó con sus aportaciones al desarrollo de la moderna técnica violinística.





Son varias las leyendas que se tejieron sobre el genio Niccolo y su éxito rotundo. Algunos dicen que fue su madre quien se soñó con el diablo y fue este el que le aseguró que su hijo sería un gran violinista. Su padre desde corta edad lo inicia con este instrumento musical y desde los 5 años comienza a mostrar gran destreza para tocarlo.

Otra de las leyendas asegura que el genial violinista eliminó a uno de sus rivales y fue condenado a pagar con cárcel, lo que llevó a Paganini a pactar con Lucifer su libertad a cambio de su alma.

Y la tercera resultó de un supuesto testigo que dijo haber visto en una noche cómo el violinista realizaba una especie de ritual diábolico para garantizar “tocar como los ángeles”.Todas estas leyendas crecieron como espuma, mientras que el virtuosismo del genovés le sumaba mucho dinero a su cuenta, que malgastaba sin consideración. A pesar de sus demanes nunca le faltó el dinero, ni el trabajo, y mucho menos las mujeres, a pesar de ser considerado un hombre feo.

Paganini era capaz de tocar a la espectacular velocidad de doce notas por segundo. Ese es el tiempo que la mayoría de los músicos tardan en leer doce notas. También innovó con sus técnicas de memorización; antes de él, todos los violinistas iban acompañados del programa que debía ser tocado. Paganini, a su vez, acostumbraba simplemente a subirse al palco con su instrumento, sacudiendo su larga cabellera y poniéndose a tocar. Todo el programa estaba en su memoria.Con todo ese talento extraordinario, el virtuoso violinista se convirtió en leyenda. Asociada a la increíble velocidad que alcanzaba cuando tocaba, estaba su apariencia cadavérica, que causaba cierto terror en las personas que tenían miedo de asistir a sus presentaciones. Según una descripción de Castil-Blaze en 1831, Paganini medía 1.65 metros de alto, era muy delgado, tanto que su cuerpo y extremidades asemejaban a líneas largas y sinuosas, de cara muy pálida y rasgos marcados, ojos de águila (oscuros y penetrantes), nariz puntiaguda, cabellera larga ondulada que caía sobre sus delgados hombros. No era de extrañar, el hombre vivió toda su vida luchando contra una enfermedad severa que le exigía una dieta rigurosa y muchas horas de sueño. En la época, sin embargo, muchos creían que Paganini había vendido su alma al diablo a cambio de su perfección musical.

“Paganini en Prisión”, de Louis Boulanger, 1831. Cortesía de la Stanford University Libraries, fotografía por Michael Marrinan


El propio Paganini relató en una carta que en cierta ocasión, al tocar las variaciones tituladas ‘le Streghe‘ (las Brujas), un individuo afirmó que no vio nada de sorprendente en su desempeño, pues con toda claridad había visto, mientras Paganini tocaba sus variaciones, al diablo sosteniendo su codo, dirigiendo su brazo y guiando el arco, incluso describió que este supuesto diablo vestido de rojo, tenía cuernos entre la cabeza y un rabo entre las piernas. Después de esto, muchos creyeron que aquel individuo había descubierto los secretos de las maravillosas virtudes del violinista. Paganini, en esta carta, parece comprender todas esas leyendas, diciendo: “Mi parecido con él era una prueba de mi origen”. Es decir, su apariencia cadavérica era una prueba que era el hijo del diablo.


Así, su rostro pálido y largo con las mejillas hundidas (por haber perdido los dientes debido a la enfermedad), los labios delgados y una sonrisa sarcástica, la expresión penetrante de sus ojos que parecían carbones al rojo vivo, le dieron una apariencia diabólica que llevó a muchos de sus admiradores a circular el rumor de que él, era el hijo de un demonio. Las personas a menudo se desmayaban si llegaban a ser tocada por el músico. Una vez, Paganini se vio obligado a publicar cartas de su madre para demostrar que había tenido padres humanos. De cualquier forma, despertaba terror y temor donde quiera que iba.

Fue entonces que Paganini decidió encarnar a la leyenda en que lo habían convertido, siempre usaba trajes negros y desalineados para complementar su imagen desdeñada. Y sus presentaciones realmente sorprendían. A los cuarenta años el violinista comenzó a viajar por Europa, y sus excentricidades se hicieron aún más grandes. Llegaba a los conciertos cubierto por un largo manto negro, en un carruaje tirado por cuatro caballos también negros – y, en ocasiones, demoraba para entrar al escenario, para después de largos minutos surgir de repente y mirar fijamente al público. Los escenarios de sus presentaciones eran siempre lúgubres y con poca luz. En Londres, frecuentemente las personas pinchaban con palos a Paganini para ver si estaba hecho de carne y huesos.

Muchos pagaron precios ridículamente altos para asistir a las presentaciones de aquel músico flaco y misterioso. Los comerciantes colocaban el nombre del ídolo en productos tan diversos como perfumes y calzado. Las giras incluían a las ciudades más importantes de Europa, especialmente Viena, Milán, Hamburgo, Paris y Londres, donde las ganancias fueron lo suficientemente jugosas como para que el artista se hiciera millonario. Sin duda, el italiano Niccolò Paganini fue una especie de Lady Gaga del pasado. Las presentaciones de Paganini se resumían casi siempre en composiciones propias, sonidos mágicos que arrancaba del violín. El rostro escuálido se contorsionaba, los cabellos negros y ondulados se agitaban, el arco del violín hacia movimientos inigualables por la mayoría de los músicos de la época. Algunas veces, por el simple placer de asustar, Paganini sacaba un par de tijeras y cortaba tres cuerdas del violín, siguiendo el concierto solamente con una, la cuerda sol.

 Entre las piezas compuestas por Paganini, hay dos que se suponen dedicadas al Diablo. Una de ellas es el Capricho Nº 13 llamado también: La risa del Diablo, y Le Streghe [Las Brujas] con la cual convocaba al príncipe del infierno. Esta última no es propiamente del italiano.

Lo cierto es que a su fallecimiento, en el ambiente se daba por sentado su relación con el cornudo y la iglesia tras el anuncio de su deceso no permitió su entierro, por lo que su ataúd permaneció en un sótano hasta 36 años después, tiempo en el que fue permitido que sus restos fueran transferidos a un cementerio en Parma.


Fuente

Paganini, el "violín del diablo" from Conlamusicaaotraparte on Vimeo.

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